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CRISTO
EN BUSCA DE UN MESÓN
Lucas 2:1-14
No hay ocasión
más celebrada que la Navidad. Creo que la Navidad es la época
más hermosa de todo el año. Es un tiempo de gozo. Se rompe
la monotonía de todos los meses y se transforma en un día
especial.
Los adultos gozan,
a su manera, pero la alegría genuina es la de los niños.
Casi todo mundo está alegre, aunque sus motivos de gozo son muy
diversos.
También es un tiempo de regalos; y esto nos debiera hacer pensar
que como cristianos, el mejor regalo que podemos ofrecer a nuestros seres
queridos, amistades y vecinos, es el mensaje de la navidad, que es un
mensaje de buenas nuevas.
Navidad es igual
a Natividad, que significa nacimiento de nuestro Señor Jesucristo.
24 o 25 de Diciembre no es precisamente la fecha exacta del nacimiento
de Jesús, pero si es simbólica.
Cuando Jesucristo
estaba a punto de nacer, la primera respuesta que encontró a una
petición fue un “NO”. Fue una respuesta negativa.
María dio a luz y José pidió posada en el mesón
y le negaron la entrada, el lugar estaba lleno, y ese mesón perdió
el mejor huésped.
Dice la Biblia que
lo mandaron a un establo y allí José preparó un pesebre
para acostar al niño.
Creo que hasta el
día de hoy a Jesús no le molesta el rechazo del mesonero,
ni el haber nacido en un establo, lo que le molesta es el rechazo de la
humanidad hoy en día, y que no le permitas entrar a tu corazón
a nacer, a que vivas la verdadera Navidad.
Jesús sigue
haciendo hoy la misma invitación: Déjame entrar. El mesonero
le negó la entrada, ¿tú le negaras la entrada a tu
mesón que es tu corazón? Posiblemente este lleno tu corazón
de pecado, de odio, de dolor, de tristezas, problemas, etc. Jesús
quiere morar en el y cambiarlo todo a gozo y paz, ¿te perderás
este importante huésped en tu corazón? ¿Qué
le contestaras a Jesús? Ya esta lleno, y no hay lugar para ti.
Déjalo entrar
y el borrara tus pecados, tus dolores y aliviara tus penas. El quiere
darte vida abundante y plena aquí en la tierra y vida eterna en
el cielo. Abramos nuestro mesón que es el corazón a Cristo,
y dejemos que no solo nazca sino que también reine. Jesús
vino a darse a si mismo, pero ¿Cuál es la necesidad de Dios
para darse a la humanidad? Es porque nos ama.
En Navidad no se
trata de poner al niño Jesús en el pesebre, sino en nuestros
corazones y entregarnos a los demás como él se entrego por
nosotros. Lo que cuenta, no es lo que uno tiene en su vida, si no, a quien
tienes en tu vida
Si
tu quieres abrirle su corazón a Cristo en este momento, repita
en su corazón esta oración. “Jesús, te doy
las gracias por haber nacido en este mundo y haber dado tu vida para salvar
mi alma. Hoy te pido perdón por mis pecados y te invito a que nazcas
en mi corazón, te doy mi vida para que entres en mi y me des la
verdadera navidad que da la paz que necesito, en tu nombre te lo pido”
amen.
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Nacimiento de Jesús
Por aquellos días
Augusto César decretó que se levantara un censo en todo
el imperio romano. (Este primer censo se efectuó cuando Cirenio
gobernaba en Siria.) Así que iban todos a inscribirse, cada cual
a su propio pueblo.
También José, que era descendiente del rey David, subió
de Nazaret, ciudad de Galilea, a Judea. Fue a Belén, la ciudad
de David, para inscribirse junto con María su esposa. Ella se encontraba
encinta y, mientras estaban allí, se le cumplió el tiempo.
Así que dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió
en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había
lugar para ellos en la posada.
Los pastores y los ángeles
En esa misma región había unos pastores que pasaban la noche
en el campo, turnándose para cuidar sus rebaños. Sucedió
que un ángel del Señor se les apareció. La gloria
del Señor los envolvió en su luz, y se llenaron de temor.
Pero el ángel les dijo: «No tengan miedo. Miren que les traigo
buenas noticias que serán motivo de mucha alegría para todo
el pueblo. Hoy les ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es
Cristo el Señor. Esto les servirá de señal: Encontrarán
a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.»
De repente apareció una multitud de ángeles del cielo, que
alababan a Dios y decían:
«Gloria a Dios en las alturas,
y en la tierra paz a los que gozan
de su buena voluntad.»
Lucas
2:1-14
(Nueva Versión Internacional)
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